El segundo día más importante de tu vida

Into this world we’re born
into this world we’re thrown.

-The doors

Hace poco leí que hay dos días importantes en tu vida: el día en que naces, y el día en que descubres para qué. Como filósofa pasé por el existencialismo y el absurdismo, y finalmente hice tregua con que la vida no parece tener un sentido, simplemente estamos aquí, y algo tenemos que hacer con eso. De preferencia, algo que nos guste hacer. Estoy pues, como todos aquellos que tienen el privilegio de escoger, en ese momento incómodo en el que tratas de encontrar tu lugar en el mundo. Siempre pensé que sabría lo que querría hacer de mi vida. Escogí mi carrera a los quince y nunca cambié de opinión. Una vez que entré a la carrera, pensé que cuando saldría sabría exactamente lo que querría hacer. Me interesé por bioética y luego por filosofía de la ciencia. Y aunque todavía me interesan esos tópicos, hay algo a lo que siempre me encuentro regresando, que es el trabajo cívico.

No creo que haya un sólo día en el que descubres para qué estás aquí, más bien es un camino al que te llevó una serie de decisiones y de introspección. Pensando en mi retrospectiva, estuve diez años trabajando para vivir. Primero para ayudar a mis papás, y luego para sobrevivir yo y pagarme la escuela. Fueron exactamente diez años porque hice la entrevista a los quince, pero legalmente era muy joven para trabajar, así que me llamaron el día de mi cumpleaños dieciséis para firmar contrato. Exactamente diez años porque hace poquito más de un año, en mi cumpleaños número veintiséis, me despedí por última vez de mis compañeros de trabajo de aquel entonces. Ese día renuncié; esa misma noche presenté, junto con Ana, y por primera vez en una Hack Night, lo que meses después sería Disfuncionarios.

Ese día definió todo lo que pasaría después. Yo no sabía qué quería hacer, pero ese año me había graduado y ni quería, ni tenía excusas para seguir trabajando en un corporativo. Me encontré con que una carrera en filosofía no te ayuda mucho (duh) y con que un cambio de rubro no es nada fácil. Cuatro meses después entré al INE, a observar las elecciones de ese año como asistente de consejeros. Era un trabajo temporal, que pagaba la mitad de lo que ganaba y sin prestaciones, pero aún así lo preferí mil veces que lo que estaba haciendo antes. En ese tiempo por la mañana le dedicaba tiempo al INE y por la tarde y fines de semana a Disfuncionarios. La carga de trabajo fue tal, que Ana y yo empezamos a decir que teníamos dos trabajos.

Se acabaron las elecciones y con el poquito tiempo que me quedó en el INE, escribí mi primer paper sobre un análisis de datos electorales. Me invitaron a participar organizando las Hack Nights de Codeando México en Monterrey. Me cambié de ciudad. Me invitaron a organizar las Hack Nights de Codeando Guadalajara, a lo que ahora le dedico tiempo todas las semanas. Ana y yo iniciamos un nuevo proyecto en el que trabajamos todos los días. En retrospectiva, en un año hice más de lo que hice en los diez anteriores.

No puedo decir que ya llegó el segundo día más importante de mi vida, porque todavía no me establezco firmemente en lo que quiero hacer, pero este año me dejo una serie de aprendizajes. Primero, saber lo que no quiero hacer. Yo ya no puedo regresarme a un trabajo corporativo. Puede que me vea obligada a hacerlo para sobrevivir, pero ya sé muy bien que eso no es lo que quiero. Segundo, saber lo que sí quiero hacer. Al principio del año hice algunas entrevistas con asociaciones civiles que salieron muy mal, porque realmente no sabía lo que quería hacer, sólo sabía lo que no quería estar haciendo. En el INE una de las consejeras me dijo: Piensa en lo que harías aunque no te pagaran. Y en lugar de pensar, lo hice. Siendo regia, tuve que reconciliar la idea de que el trabajo es trabajo aunque no te paguen. Mis papás no lo entienden, mis amigos no lo entienden, pero Disfuncionarios, Codeando y Parvada, me enseñaron lo contrario. Nada despega si no le pones esfuerzo, cariño y tiempo. Yo trabajo en esas tres cosas. Nadie me paga por hacerlo, pero es mi trabajo. En el inter aprendí que lo que quiero hacer tiene nombre, y que hay gente que se dedica a eso, y que un día yo me puedo dedicar a eso también. Por último estoy aprendiendo a abandonar mis primeros planes. Ya lo dije: Yo quería ser académica o ejercer la filosofía de la ciencia. No me ha dejado de gustar, me encanta. Pero ¿a quién engaño? siempre me encuentro regresando a los mismos lugares. Al trabajo cívico. Y pues al lugar donde siempre vuelves, debieras tratar de ser feliz.

Post-script, 13 de noviembre:

No había compartido este post para dejarlo macerar y razonarlo. Desde entonces, he platicado con personas que están en circunstancias parecidas a la mía de tratar de encontrar su lugar en el mundo. Un par de cosas que quiero agregar:

1) Llamemos a las cosas por lo que son. Un trabajo en el que no te ves el resto de tus días, es un trabajo temporal. Y por muchas prestaciones que te de, no va a valer tanto la pena como un trabajo que apunta a crecer la carrera que quieres. Estos trabajos temporales te pueden sacar del apuro, pero no abandones un trabajo que quieres que por cuestiones de que paguen más que en uno de esos trabajos. A fin de cuentas puedes conseguir otro trabajo que tenga la misma función.

2) No esperes a que te den en la mano el puesto o el trabajo que quieres. Pónte a trabajar. En esta generación tenemos suelo fértil. Muchos trabajos como “community manager” o “diseñador de comunidad” no existían como tal hace 10 años. Entra a comunidades y rodéate de gente con tus mismos intereses. Con ellos puedes empezar un proyecto del que después puedan vivir o en esas comunidades puedes hacer buenos contactos. Muchas veces vi a alguien conseguir trabajo sin buscarlo en un evento de comunidad, o a personas como tú y como yo transformar conceptos en empleos.

3) No todo tiene qué desembocar en dinero. A veces lo importante es hacer lo que te gusta y no más. Así como las personas le dedican tiempo a los hobbies después de sus trabajos, así igual a quienes nos importa una causa o un emprendimiento, debemos tomar con seriedad el tiempo que le dedicamos al mismo. Ningún proyecto se va a completar si no le dedicas tiempo. Por eso me separé de la idea, bastante regiomontana, de que trabajo es el que te remunera y empecé a llamarle trabajo a esos proyectos que requerían de mi tiempo semanal para completarse. Sólo han salido cosas buenas de ese cambio de enfoque.

4) He hecho las paces con mi futuro. Independientemente de lo que me depare mi situación monetaria, mi camino ya está trazado (por mí) y voy a hacer las cosas que me importan, con las personas que me importan.

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