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El café es el espacio: Lecciones de una ciudad desértica

Vivo en una ciudad donde el café históricamente se servía (y se sirve aún, en algunos restaurantes viejos) en un vaso de vidrio, con mucha leche y azúcar. Mi papá, regio de pura cepa quien creció en lo que hoy es el Barrio Antiguo, me contaba que el café era una manera barata de darle leche a los niños. La abuela enviaba a uno de los hermanos a la tienda mientras ella colaba café en una olla enorme, y vertía el litro de leche completo para finalizar. Así desde chicos todos tomaron café, pero papá, como muchos regios, nunca salió del café con leche y azúcar.

Entonces cuando en la ciudad desértica empezaron a aparecer estos locales donde se vendía predominantemente café, no fue sorpresa que la mayoría optara por los frappuchinos: fríos para contrarrestar el enorme calor (tengo tanto sol dentro que ya tanto sol me cansa), eran una mescolanza de jarabes de varios tipos, chispitas, galletas y crema batida; y muy al fondo un toque de café para justificar que es una bebida de adultos. Así pues, salvo sus excepciones, la ciudad no refinó su gusto por la taza de java.

Pero hay algo más a la hora de consumir el vital líquido: el café no sólo es la taza, también es el espacio. Ya ven lo que dicen, “dame café para cambiar las cosas que puedo cambiar y mezcal para olvidar las que no puedo”, y es que desde un principio, el local en donde se vende predominantemente café, se convirtió en la guarida de los estudiantes y más recientemente en esta ciudad, de los que no trabajan en una oficina. Pero poquísimos cafés en Monterrey (se me ocurren dos en total) logran sostener la combinación ganadora entre la buena taza y el buen espacio que te hacen querer quedarte todo el día, muchos días a la semana, a gastarte tus pesitos en un buen lugar donde hacer tus deberes. ¿Cómo puede ser que fallemos tanto en este tema? la ciudad se mueve rara, como puberta que se encuentra con sus cambios hormonales, por los pasillos de la secundaria, cuando hablamos de los cafés.

Y es que Monterrey no tiene mucho con esta tendencia cafetalera. En buena medida por su legado desértico y aislado, nunca desarrolló una “cultura del café”. Hace 15 años teníamos, aparte del VIPS y el Sanborns, el Italian Coffee Company con su Frappuccino de Oreo que fue toda una innovación. Después llegó Starbucks y de ahí todos los pequeños comercios que vemos apareciendo por la ciudad. Somos una sociedad puberta en este tema. Muchos de estos espacios pecan de tener mesas ratonas diminutas y sillones donde no se puede trabajar, sin conexiones eléctricas o wi-fi. O simplemente no tienen suficiente espacio para sentarse cómodamente.

Otro error: el grano. Si tenemos regiones cafetaleras como Chiapas, Oaxaca o Veracruz, ¿para qué comprar grano de otra región? arruinan un buen proceso con un grano mediocre. Lo que me lleva a lo último de este esnobísimo rant: imposible encontrar en un súper regio buenos cafés. Afortunadamente todo el que me conoce sabe lo escandalosa que soy, y cuando salen de viaje a los paraísos del cafetal me traen una bolsita, así tengo una pequeña bodeguita en mi congelador. Pero cuando se acabe voy a llorar y lo van a saber. Ya, Monterrey, sal de la pubertad.

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